El paso del tiempo lleva a la formación de líneas de expresión causadas específicamente por la menor producción de ácido hialurónico, colágeno y elastina, todos ellos, elementos esenciales y nutritivos de la dermis en la piel.
Disminuye también la elasticidad, produciendo flaccidez que es acentuada por la fuerza de gravedad. Cuando ésta es leve puede ser estéticamente molesta, pero aún no requiere de cirugía plástica, porque produciría una sobre corrección dejando un rostro poco natural, rígido y artificial.
Hace 9 años, dos médicos rusos, Marlen y George Sulamanidze inventaron y patentaron unos hilos de material de sutura (polipropileno que se usa para suturar las heridas quirúrgicas) a los que les hicieron unas espículas para que al introducirlos bajo la piel se engancharan en ella y que al tensarlos elevaran el tejido caído, solucionando así la flaccidez de la zona a tratar.
Han transcurrido muchos años después de este invento y como tal ha sido estudiado, observado y criticado por los pares, hasta aceptarlo y mejorarlo. Existen muchos detractores de esta técnica, especialmente médicos proclives a una solución más radical por medio de una cirugía más agresiva, con riesgo de complicaciones y no indicadas para casos leves a medianos.
